Galería fotografica “A Huebra 2017”

Cuando la gente vivía en los pueblos y se necesitaba hacer un trabajo comunitario se convocaba una ‘huebra’. Entonces, iba una persona de cada casa y hacían un camino, o desviaban el arroyo…

La llamada a huebra era un toque de campana con el que se avisaba a los vecinos de que era del día de hacer un trabajo del pueblo, o de ir a la hacendera o al plus… Vocablos que describían la colaboración en tareas del pueblo, como cortar la leña, desbrozar el monte, apilar los troncos y las ramas, limpiar los pilones o adecentar las calles.


Con el fin de que las zonas rurales no pierdan sus valores ambientales y culturales, la Diputación puso en marcha en el 2012 el programa A Huebra, para ofrecer a los pueblos herramientas que les permitan implicarse en la mejora de su entorno.

Es muy importante, porque con una ayuda y la colaboración de los vecinos se pueden hacer cosas interesantes.

El pasado 6 de octubre vecinas y vecinos del ayuntamiento nos reunimos a huebra para limpiar, acondicionar y cercar el recinto de nuestra querida encina, encina con historia ya que…

Andrés Pérez del Cabo, al que llamaban el obispo de “Las Albarcas”, de niño trabajaba de pastor y un día de trabajo en el campo con sus ovejas, vio detenerse un lujoso carruaje con una gran dama que le pregunto por el camino que debía seguir, y al ver las cualidades del niño, la señora lo llevo a Valladolid, en cuya universidad estudio y llego a ser Catedrático y miembro del Consejo de Castilla y León en tiempos de Felipe II, y el 19 de marzo de 1569 fue ordenado Obispo de Ciudad Rodrigo.

Un día siendo ya Obispo volvió a Cervatos, su pueblo natal y dirigiéndose a una vieja encina “La Encina”, única en el término de  la Loma” saco de una oquedad un par de viejas y corroídas albarcas que usaba de pastorcillo, que guardo en ella el día de su marcha y se las volvió a calzar recordando su pasada vida sencilla. Durante su vida dejo al cuidado de su encina a vecinos de Cervatos, hace años se secó, cuentan que la quemaron…, de ella guardamos sus restos, mitad en el recinto y mitad en el jardín de nuestra iglesia y en su lugar plátanos una nueva encina.

Por ello, la encina es pieza querida para Cervatos y emblemática del escudo del Obispo, juntamente con los cervatillos, la Cruz de San Andres y el lema: “Ave María Gratia Plena”

Volvió para ser enterrado en Cervatos, en la capilla de San Miguel en el centro estaba el sepulcro con sus restos.

Gracias a todas/os los que habéis participado y a las/os que por distintas causas os fue imposible asistir y manifestasteis vuestra intención.

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